Las alergias alimentarias en las fiestas infantiles

Javier, de 8 años, ha sido invitado al cumpleaños de Tomás, uno de sus mejores amigos del colegio. Los padres de Tomás han alquilado un espacio infantil donde hay un parque hinchable, varios juegos de mesa para niños y un catering con chucherías, patatas fritas y otros complementos que, aunque no son las opciones más sanas, sí constiuyen las más comunes en esta clase de eventos. Javier llega acompañado de sus padres al espacio y se reúne con sus amigos. Antes de irse, le recuerdan que tenga cuidado. Volverán a por él dentro de cuatro horas. Los pequeños juegan y se divierten. Luego, llega la merienda. Javier se sienta junto a sus amigos. Le reparten una bolsa de chucherías, le ponen delante varios sándwiches y sus amigos se abalanzan sobre el manjar. Él los mira sin saber muy bien qué hacer. Sabe que tiene intolerancia al gluten y que toda la comida de enfrente es prohibida. «¿No te gusta?», le pregunta el padre de Tomás. «¿No tienes hambre?», se apresura uno de sus pequeños compañeros. «No puedo comer nada, tengo alergia al gluten». Sus amigos lo miran raro. Algunos, los más crueles, hasta se ríen. El padre de Tomás no sabe muy bien qué hacer. Javier, a sus 8 años, le dice que no se preocupe, pero se siente frustrado por no poder disfrutar de la velada junto a sus amigos.

La sociedad está cada vez más concienciada de los problemas a los que se enfrentan los niños y niñas que padecen alergias o intolerancias alimentarias. Comedores infantiles, estancias hoteleras y empresas de eventos y catering introducen en sus menús diferentes opciones adaptadas a las necesidades de los jóvenes que tienen esta hipersensibilidad. Sin embargo, que haya mayor concienciación no significa que debamos aceptar mantener un estándar de normalidad. Al contrario: debemos seguir elaborando campañas de concienciación para que no sea solo un complemento añadido por algunas instituciones y empresas, sino una obligación que ascienda a categoría de necesidad ética y moral.

Alergias al gluten comida

Muchas personas aún no son conscientes de las posibles consecuencias de una hipersensibilidad a estos alimentos. Los alérgenos –generalmente proteínas, glicoproteínas o carbohidratos–, al entrar en contacto con la piel o a través de su ingesta directa, provocan reacciones alérgicas que pueden ir desde la irritación de la piel hasta shocks anafilácticos severos, que pueden poner en peligro la vida de los más pequeños. Quizás parezca exagerado introducir términos tan radicales, pero la realidad es que entre un 4% y un 8% de los niños en edad escolar en España tiene una o varias alergias alimentarias. Entre ellos, una proporción padece trastornos severos. Los datos, arrojados por la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), indican que estos problemas van en aumento y que cada vez habrá más pequeños susceptibles de padecer alergias.

Por tanto, resulta imprescindible que todas aquellas instituciones, empresas, colegios y demás organizaciones oficiales y no oficiales pongan todo su empeño en fomentar la inclusión de alimentos variados adaptados a las necesidades de los alérgicos al gluten, a la lactosa, al anisakis y a otras posibles variaciones o mutaciones de estas enfermedades. Siempre se debe tener a mano una posible variante: desde una sencilla bolsa de patatas fritas sin gluten hasta chocolates sin lactosa. Y, antes de organizar un evento en el que se vaya a introducir cualquier tipo de comida, se debe preguntar obligatoriamente a los responsables si entre los invitados habrá personas (niños o adultos) que puedan ser susceptibles de tener alguna alergia. Ahorraríamos en desgracias y fomentaríamos la igualdad, armonía e inclusión de aquellos que están en situación de vulnerabilidad. En Abania somos consciente de esta realidad y trabajamos en ello. Nuestra obligación también es concienciar a las demás empresas de nuestro sector para que sigan la misma práctica.

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